De Lisboa a Bilbao

Cuando lo ví, lo escribí.

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Localização: por el momento, Lisboa, Portugal

Anecdotario de una bilbainita que vive en Lisboa.

segunda-feira, maio 08, 2006

Tranvías

Las modas vuelven. Vuelven las minifaldas, vuelven las plataformas y vuelven los tranvías. En los tiempos en los que ciudades como Bilbao o Barcelona ponen en marcha tranvías ultramodernos, de diseños aerodinámicos, en Lisboa los "eletricos" se mantienen como legado de un tiempo antiguo, como parte de una decoración que parece haber sido mantenida para que la ciudad conserve ese aire antiguo y bohemio.

La línea 28 es ya un símbolo de Lisboa. Merece la pena un paseo en este tren de la mina propio de cualquier parque temático. ¡¡Viajeros al tren!!- parece haber gritado la conductora. Pero no lo ha hecho, son los turistas, que guiados por una impaciencia impropia de este lugar, suben agitados al tranvía, expectantes por disfrutar de un trayecto prometedor. Se les distingue rápidamente de los lisboetas para quienes el 28 es el medio de transporte habitual: pujan por los mejores asientos, se acercan a las ventanillas, o pasan al fondo para poder sacar fotos desde el cristal de atrás.

Es una pena que a la entrada del tranvía no haya un revisor, con gorra y bigote, para validar los pases. Sería la guinda de un elétrico que parece antiguo, que huele a antiguo… sus vetustos asientos, el sistema de conducción arcaico, las tablas de madera, los asideros..
El vagoncito inicia su camino en Prazeres, donde se sitúa un cementerio que muchas guías aconsejan visitar. Desciende buscando la Baixa y deja a la derecha la Basílica de Estrela. Con un estridente frenazo el eletrico para y los algunos turistas se bajan para entrar en el templo y visitar los jardines.

Bufffff..el tranvía resopla y reinicia la marcha. La calle se inclina hacia abajo con lo que el vagoncito coge bastante velocidad. Ahora las miradas se giran hacia la izquierda, el Parlamento, con sus inmóviles guardias en las escalinatas. Ñiiiii se queja el tranvía frenado en pleno descenso. Unos minutos después, tras otras paradas en algunas de las estrechas calles del recorrido, el 28 llega a la plaza Camoes. La rodea y se dirige hacia el teatro de la ópera…pero antes de llegar, aprovechando un semáforo, el conductor baja y va corriendo a la parte de detrás a reajustar la cuerda de la guía que lo une a la catenaria. Nada de tecnología punta, esto es un tranvía auténtico.

Otra vez en movimiento, los pocos familiarizados con este transporte se preguntan unos a otros…que ha pasado? Va todo bien? Casi ni se percatan de la Ópera, a la izquierda del recorrido. Trac-trac-trac….cada vez va más lento porque ahora tiene que tomar una curva muy cerrada….ahora otra vez cuesta abajo, desciende las ultimas "ruas" para llegar a conceiçao, una de las calles paralelas al Tajo, ya en la Baixa.. Es el único tramo llano del recorrido y el 28 recoge fuerzas para enfrentarse a las empinadas cuestas de Alfama.

El desnivel de la calle comienza a partir de la Iglesia de la Magdalena. Arranca de la parada bruscamente y los que viajan de pie han de aferrarse a donde pueden. El eletrico llega a la Sé Catedral con más rapidez de la que se espera de un "cacharro" tan antiguo. Y sigue hacia arriba, inagotable, al mirador de Santa Luzia. Este es el destino de muchos viajeros que bajan aquí para ir a pie al Castillo o descansar del traqueteo en la terraza del mirador, con unas magnificas vistas de la ciudad y el Tajo.

Si nos quedamos, tras algunos amagos de rozar varios edificios, el tranvia nos deja en la Iglesia de S Vicente y detrás de ella destaca la cúpula del Panteón Nacional donde descansan los grandes de la Patria, desde los políticos hasta los artistas.
Vaya, sin apenas darnos cuenta, ya se ha acabado el viaje….Merece la pena experimentar la sensación de estar viajando en barcos de vapor sobre raíles, máquinas antiguas, señoriales, eficientes, que nos llevan y nos traen por las calles de una Lisboa Antigua, que lo es porque ha decidido mantenerse así.

La vuelta de los tranvías se convierte en un hecho imparable. Lisboa, en el fondo, tenía visión de futuro. Es un medio de transporte que no contamina, no consume recursos, es silencioso….bueno, el de Lisboa tiene el clásico ruido de ruedas sobre raíles, pero es parte de su encanto.

1 Comments:

Blogger Poniente said...

Tengo Lisboa en la agenda para un futuro viaje que nunca llega... con estas cosas aumentan las ganas.

8:53 da manhã  

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